jueves, noviembre 12, 2009

Setas


Buscar setas con un GPS especial

El cacharro es precioso, un gadget de lo más, con un aire así a lo teletransportador de Star Trek ("Súbeme Scotty", dan ganas de susurrarle) y despierta de entrada el interés de los amigos micófilos, algo frustrados en el flojo inicio de temporada. Se trata del rutilante GPS buscador de setas Garmin Oregon 300 Setas ("el mundo de las setas en tu mano") , un navegador que incorpora una base de datos con las fichas de las 100 especies más comunes y en el que puedes memorizar los lugares en que se encuentran los suculentos hongos y trazar rutas para llegar hasta ellos. También tiene brújula electrónica y un altímetro. Pantalla táctil, antirreflectante y a prueba de caídas.

Cuando uno lo exhibe chulesco en Viladrau (Girona), tierra de setas donde las haya, el hogar de los caçadors de bolets, el popular programa de la televisión catalana, un mediodía de otoño y suelta displicentemente "Chavales, aquí está el futuro", la curtida comunidad de boletaires se pone, como es comprensible, a la defensiva. "Pero si tú no tienes ni idea y ni siquiera te gustan los rovellons, capullo". Es cierto que uno no es experto en níscalos y que es de natural micófobo, especialmente tras leer los trabajos sobre enteógenos -hongos que proporcionan una experiencia divina, pero no precisamente en el sentido gastronómico- de R. Gordon Wasson y Albert Hoffmann, por no hablar de las alucinantes experiencias visionarias de Josep Maria Fericgla con la Amanita muscaria en la década de 1980. Pero ¿no es fabuloso el artefacto? No, objetan los especialistas, es una pijada inútil. De entrada, argumentan, el verdadadero buscador de setas sabe perfectamente dónde están las que suele recoger y mal andaríamos si tuviera que precisar de un GPS para localizarlas.

"Jamás apuntaré mis sitios en un mapa, ni te digo en ese trasto", señala Evelio P., cuyo legendario cazadero de setas, camino de la finca de El Masnou, está recubierto de un secretismo que ríete tú de Vilcabamba: puro Shangri La de los rossinyols (rebozuelos). Por otro lado, los correosos profesionales consideran descabellado fiarse del aspecto de una seta en las imágenes que ofrece el Garmin Oregon: a ver si va a acabar zampándose uno un enteógeno sin querer, en plan indio yaqui. En todo caso, el GPS incluye una nota no muy tranquilizadora: "Garmin queda exento de responsabilidad ante posibles intoxicaciones".

Este probador del buscador electrónico descartó hablar con la señora Pi, la reina de los cazadores de setas y buena amiga, al considerar que ya se habían reído bastante de él. No obstante, en un arrebato de profesionalidad se lanzó a la montaña con el aparato para probarlo sobre el terreno. La experiencia resultó un fiasco: poco ducho en electrónica fui incapaz de entender el funcionamiento, ya no hablemos de encontrar una seta.